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06
may
2010

Vidalita de los reyes

Escrito por Jaime Carrero Fdez-Baillo en Poemas navideños

Por el camino vienen
los Reyes Magos
cargados de alfeñiques,
miel y duraznos.

Por el camino vienen
los Reyes Magos.
Traen un poncho fino,
y otros regalos.

Y otros regalos, ay sí,
para la guagua
que ha venido a salvarnos
de cosas malas.

Los Reyes Magos vienen
por el camino.
Traen dulces de tuna,
pasas de higo.

Por ese caminito
traen los Reyes
una corona de oro
y otros juguetes.

Y otros juguetes, ay sí,
para la guagua
que nació para darnos
fe y esperanza.

Autor: Maria Elena Walsh

08
abr
2010

Zamba del niñito

Escrito por Jaime Carrero Fdez-Baillo en Poemas navideños

Con este poema de María Elena Walsh iniciamos esta nueva sección de poesía navideña para ofreceos como siempre todos los recursos de navidad en formato digital, online y gratis:

En este ranchito
está el niño Dios,
sentado en su cuna
y esperándonos.

El niño bonito
se puso a llorar
y la mamadera
le dio su mamá.

Jesusito, ay sí,
no se duerme, ay no.
Le cantan los pajaritos
el arrorró.

Vio una vaca blanca
y también un buey.
Vio una vaca blanca
y también un buey.

Muchos angelitos
andan por aquí,
vestidos de seda,
tocando el violín.

04
dic
2008

Poesía – Damaso Alonso

Escrito por Elena Maria Espadas en Cuentos navideños

En todo nacimiento repican campanas de Navidad.
Y muchos padres
descubren, en las palpitaciones
del corazón de su hijo, enamorados latidos
del Corazón de Dios…

¡Cuán cerca todavía
de las manos de Dios!
¿Sentís su aliento
rugir entre los cedros
del Levante?
¿Hay en vuestras pupilas
rabos de oro,
vedijitas, aún incandescentes,
de la gran lumbrarada
creadora?

DÁMASO ALONSO

15
nov
2008

Cuento – La niña de los Fósforos

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Escrito por Elena Maria Espadas en Felicitaciones Navideñas, sms de felicitación

¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

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