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10
dic
2008

Nuevo helado Caramel Biscuit & Cream de Häagen-Dazs

Escrito por admin en General, Recetas Navideñas

helado-haagen-dazsLa Navidad es un motivo realmente especial para lanzar nuevos productos, y por supuesto el helado hace años que no es cosa solo del verano. Por este motivo Häagen-Dazs lanza un nuevo sabor de helado llamado Caramel Biscuit & Cream (Speculoos). Este sabor será presentado en los países del norte de Europa con la llegada de la Navidad el 6 de diciembre, la fiesta de San Nicolás, el Papá Noel (Santa Claus). En estas zonas son típicas unas galletas de mantequilla llamadas Speculoos, muy populares entre los niños y niñas del norte de Europa.

Häagen-Dazs ha creado un delicioso helado de caramelo con crujientes trocitos de galleta. El turrón y los pesados polvorones tendrán que hacer hueco a este nuevo sabor helado, algo que sin duda deslumbrará como postre en esta fiestas navideñas.

Caramel Biscuit & Cream (Speculoos) está en el mercado desde inicio de diciembre con la misma línea publicitaria de las últimas campañas de la marca, que además de hacer gala de su excelene calidad, destacan la elaboración con base de ingredientes naturales, seleccionados en cada zona del mundo y con una producción extremadamente cuidada, dando especial color al valor emocional de la gastronomía y alimentando el despertar de nuestros sentidos.

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Más información en Häagen Dazs

15
nov
2008

Cuento – La niña de los Fósforos

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Escrito por Elena Maria Espadas en Felicitaciones Navideñas, sms de felicitación

¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

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