Tradiciones celtas de Halloween

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Comentamos en nuestra entrada de ayer que el verdadero origen de Halloween se encuentra en la cultura celta, concretamente en la fecha conocida como Samhain. Era una festividad dedicada a homenajear a los muertos, tal como sucede en nuestra actual cultura (aunque se haya desplazado un poco más al ambiente festivo). Hoy os mostraremos algunas de las costumbres tradicionales que tenían lugar en aquel tiempo, y cuyo rastro puede encontrarse incluso hoy en algunas de las que han pervivido a través de la cultura cristiana.

El incienso, que en la actualidad se asocia casi siempre a los ritos religiosos cristianos (es, como sabemos, uno de los protagonistas de la Semana Santa y la Navidad), ya era empleado por los celtas como una forma de rendir honor a sus fallecidos. En concreto, las esencias que utilizaban eran el sándalo, el copal y la famosa mirra.

Durante la noche de Samhain, solía acompañarse la cena con vino caliente o sidra. A ambas bebidas se les añadían especias. Asimismo, era habitual tomar frutos secos (nueces, pipas de calabaza) y productos derivados de la tierra, como símbolo de la fertilidad y el renacer que debe surgir de la muerte: manzanas, peras o granadas eran algunas de las frutas  habituales, así como hortalizas (remolachas, nabos, etc.).

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Los espíritus también eran invitados a compartir la cena, de manera simbólica, por los antiguos celtas. Para ello, solían dejar un plato con comida en la entrada de las casas. También era imprescindible, al hacer esto, poner una vela blanca encendida en una ventana. Según se decía, gracias a ella las almas podrían regresar al otro mundo, el conocido como Tierras del Eterno Verano; sin la vela, corrían el riesgo de quedarse atrapados en su visita transitoria al nuestro.

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