Hay mensajes que anuncian la Navidad mucho antes de que aparezcan las primeras luces en las calles. «¿Este año vienes?», pregunta algún familiar en el grupo de WhatsApp. La madre ya está pensando qué preparar para Nochebuena, los sobrinos quieren saber si habrá regalos y los amigos de toda la vida intentan encontrar una fecha para esa cena que llevan meses prometiéndose. Para quienes viven en Barcelona o en cualquier otro municipio de Cataluña, pero tienen a sus seres queridos lejos, volver a casa por Navidad sigue teniendo algo especial, aunque hayan pasado muchos años desde que dejaron la ciudad por unos u otros motivos.
Entre tanta ilusión aparece también la parte menos romántica del viaje: organizarlo. Comprar los billetes de avión, cuadrar las vacaciones y encontrar un buen parking en el aeropuerto de Barcelona-El Prat puede convertirse en una pequeña aventura. Porque llegar a tiempo para abrazar a los abuelos parece sencillo hasta que diciembre empieza a complicar todos los planes.
Y es que regresar al lugar donde uno creció tiene algo difícil de explicar. Es volver a escuchar las mismas bromas de siempre, sentarse a una mesa donde nunca falta comida y reencontrarse con personas que, durante el resto del año, aparecen principalmente en la pantalla del móvil.
La odisea navideña comienza mucho antes de subir al avión
Quien haya intentado comprar un vuelo para Navidad sabe que diciembre tiene sus propias reglas. Los billetes pueden encarecerse conforme se acercan las fiestas, los horarios más cómodos desaparecen y encontrar una combinación que encaje con el trabajo y las celebraciones familiares exige cierta paciencia.
Después llega el momento de preparar el equipaje. Una maleta que debería contener ropa para cuatro días termina convertida en un almacén de regalos, y algún encargo familiar de última hora.
Si además viajan niños pequeños, la organización adquiere otra dimensión. Hay que llevar documentación, entretenimiento, comida y suficientes recursos para sobrevivir a la pregunta más repetida del trayecto: ¿Cuánto falta?.
Pero todavía queda un asunto pendiente: cómo llegar al aeropuerto de Barcelona-El Prat sin añadir más complicaciones al viaje.
El taxi o un vehículo de transporte con conductor (VTC) puede resultar costoso, especialmente en determinados horarios. El transporte público requiere comprobar conexiones y calcular bien los tiempos, mientras que aparcar en el aeropuerto obliga a valorar precios y disponibilidad.
Para quienes viven fuera de Barcelona, como en Girona, Tarragona, Lleida o Terrassa, el desplazamiento hasta El Prat puede necesitar tanta planificación como el propio vuelo.
Llegar a El Prat en coche sin complicarse la Navidad
Aunque no sea posible controlar las colas de seguridad o los posibles retrasos de las aerolíneas, sí se puede organizar con antelación el trayecto hasta el aeropuerto.
Una alternativa es utilizar el vehículo particular y reservar un servicio de aparcamiento. En este sentido, aparca&go ofrece dos modalidades en Barcelona-El Prat que permiten adaptar la llegada a las necesidades de cada viajero.
La primera es Express, pensada para quienes prefieren conducir hasta el aparcamiento de la empresa, dejar allí su coche y utilizar el servicio de traslado en minibús hasta la terminal correspondiente, T1 o T2.
La segunda modalidad es Premium, que permite conducir directamente hasta la terminal de salidas del aeropuerto y entregar el vehículo a un agente de aparca&go. Así, el viajero puede continuar hacia su vuelo sin pasar previamente por el aparcamiento.
Tanto una como la otra opción, buscan simplificar una parte del desplazamiento y permiten recuperar el coche al regresar.
Imaginemos una familia de Terrassa con dos niños que viaja a Sevilla para pasar Nochebuena con los abuelos. Entre las maletas, los juguetes, los regalos y los abrigos, salir de casa ya requiere una organización considerable.
Poder cargarlo todo en su propio coche y dirigirse hacia El Prat evita tener que coordinar varios medios de transporte. Después, según la modalidad elegida, podrán dejar el vehículo en el aparcamiento y trasladarse a la terminal o entregarlo directamente en salidas.
Eso sí, reservar con antelación y calcular un margen suficiente para llegar al vuelo sigue siendo recomendable, especialmente durante unas fechas de tanto movimiento.
Hay abrazos que compensan cualquier viaje
La Navidad tiene la curiosa capacidad para convertir pequeños contratiempos en anécdotas familiares. Quizá el vuelo haya costado más de lo previsto, haya sido necesario negociar varios días de vacaciones o la maleta pese demasiado por culpa de los regalos.
También puede que el viaje termine con alguna espera inesperada y con los niños preguntando por quinta vez cuándo llegarán a casa de los abuelos. Pero entonces aparece esa puerta que alguien abre antes incluso de que suene el timbre. Están los abuelos esperando, los abrazos pendientes y una mesa preparada con toda la ilusión del mundo.
Por eso, para quienes viven lejos de su familia, organizar bien el viaje de Navidad merece la pena. Resolver con tiempo cuestiones como el transporte hasta El Prat o el aparcamiento permite dedicar menos energía a los preparativos y más a disfrutar del reencuentro.








