Érase una vez una noche de Reyes – Cuento de Navidad para niños

Érase una vez, en una noche de Reyes, que tres sabios del Oriente llegaron a Jerusalén en busca del recién nacido rey de los judíos. Habían seguido una estrella brillante que les había guiado hasta allí, y estaban decididos a encontrar al niño y ofrecerle sus regalos.

Los sabios eran hombres sabios y sabios de verdad, y habían estudiado durante muchos años para aprender todo lo que sabían. Habían leído libros antiguos y habían hablado con otros sabios, y habían aprendido todo lo que podían sobre el mundo y el universo. Pero a pesar de todo su conocimiento, todavía había algo que no podían entender: la estrella brillante que había aparecido en el cielo.

Los sabios no sabían qué significaba la estrella, pero estaban seguros de que tenía algo que ver con el recién nacido rey de los judíos. Así que decidieron seguirla y ver adónde les llevaba. Caminaron durante días y días, y finalmente llegaron a Jerusalén.

Los sabios se fueron y siguieron la estrella hasta llegar a una pequeña casa en la afueras de la ciudad. Allí encontraron al niño Jesús, rodeado por su madre, María, y su padre, José. Los sabios se arrodillaron ante el niño y le ofrecieron sus regalos: oro, incienso y mirra.

Los regalos de los sabios eran muy valiosos y significativos. El oro representaba la riqueza y el poder del niño, el incienso simbolizaba su santidad y el mirra era un símbolo de su futura muerte y resurrección. Los sabios sabían que Jesús era alguien muy especial, y querían mostrarle todo su respeto y adoración.

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Después de ofrecer sus regalos, los sabios se fueron de vuelta a casa por otro camino, temiendo que el rey Herodes intentara hacerle daño al niño. Herodes había oído hablar del niño y sabía que era el rey de los judíos, y temía que pudiera desafiar su propio poder y autoridad. Así que ordenó a sus soldados que mataran a todos los niños menores de dos años en Belén y alrededores, para asegurarse de que Jesús no pudiera crecer y convertirse en una amenaza para él.

Pero gracias a la advertencia de los sabios, María y José lograron escapar con Jesús a Egipto, donde estuvieron a salvo hasta que Herodes murió. Y así fue como Jesús, el niño rey, recibió sus primeros regalos de Navidad y comenzó su vida como el salvador del mundo. Años más tarde,

Jesús creció y comenzó a predicar y hacer milagros. Muchas personas lo seguían y le escuchaban con atención, y muchas otras personas no creían en él y trataban de hacerle daño. Pero Jesús no se dejaba vencer por sus enemigos, y siguió llevando su mensaje de amor y perdón a todos aquellos que lo necesitaran.

Finalmente, Jesús fue arrestado y condenado a muerte por el gobierno romano. Pero a pesar de todo lo que le hicieron, Jesús no dejó de amar a sus enemigos ni de pedirles perdón. Y cuando fue crucificado, sus últimas palabras fueron: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»

Jesús murió en la cruz, pero tres días después resucitó y ascendió al cielo. Y aunque ya no está aquí en la Tierra, su amor y su perdón siguen vivos hoy en día y llegan a todos aquellos que buscan su luz y su guía. Y así, cada Navidad, recordamos a Jesús y celebramos su nacimiento y su vida, y agradecemos por el amor y la salvación que nos ha dado. Cada Navidad, recordamos a Jesús y celebramos su nacimiento y su vida, y agradecemos por el amor y la salvación que nos ha dado. Y también recordamos a los tres sabios del Oriente y su búsqueda del niño Jesús, y agradecemos por su valentía y su fe.

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Cada Navidad, celebramos la llegada de Jesús al mundo y recordamos su mensaje de amor y perdón. Y también celebramos la llegada de la luz y la esperanza a un mundo que a veces puede parecer oscuro y sin sentido. Así que en esta Navidad, recordemos a Jesús y a todos aquellos que han llevado su luz y su amor al mundo, y celebremos juntos la alegría y la paz que nos ha traído.

Escrito por una iA.

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