El roscón de Reyes es un tipo de bollo de masa fina con forma de anillo, más o menos redondeado o alargado, y decorado con trocitos de frutas confitadas o escarchadas de colores variados, el consumo de este  producto se localiza al final de la Navidad en la celebración del día de la Adoración de los Magos de Oriente, cuando tradicionalmente se realizan los intercambios de regalos entre los integrantes de nuestras familias; con estos antecedentes y la inevitable ilusión o al menos curiosidad por la sorpresa de los regalos, el desayuno parece ser el momento más idóneo para esta reunión familiar y disfrutar con el estético, delicioso y nutritivo roscón de Reyes, aunque la hora de la merienda tampoco es mal momento para continuar con su degustación, incluso se puede pensar en adelantar ese momento, de la primera prueba, por motivos de impaciencia o por otras causas en ocasiones no muy bien definidas, y sí es posible proceder a su consumo en una improvisada reunión con agradable compañia.

   El origen de nuestros actuales roscones de Reyes se deriva de los pasteles redondos y circulares que eran ofrecidos al dios Jano (dios de las puertas) por los romanos, es la misma costumbre pero cristianizada, tan popular era esta costumbre en el antiguo Imperio Romano que al dios Jano también le llamaban “dios de los pasteles”; entre nosotros la tradición indica que el roscón contenga algún tipo de “sorpresa”,