La bandeja de turrones acaba de salir cuando alguien del otro lado de la mesa ya ha repetido la tercera copa de cava. Pasan las doce. Las campanadas quedan lejos. Y en ese momento, casi sin buscarlo, llega el momento del chiste. El del borracho. Ese que todo el mundo ya conoce pero que igual hace reír.
Las noches de Navidad tienen esa cosa peculiar de mezclar el exceso con la ternura. El que bebe de más casi siempre termina siendo el protagonista involuntario de la noche, y de eso están hechos algunos de los mejores chistes navideños que circulan de familia en familia desde hace décadas.
El chiste clásico del borracho navideño
Este es el que ha viajado de boca en boca, de sobremesa en sobremesa, y que a estas alturas ya forma parte del repertorio de cualquier familia española en las fiestas.
Un hombre algo achispado entra en un bar cantando:
— ¡Feliz Navidad, Feliz Navidad!
El del bar, extrañado, le dice:
— Hombre, ¿qué viene usted cantando si estamos en mayo?
Y el borracho, que ya no se tiene de pie, contesta:
— ¡No jodas! Verás la que me va a caer cuando llegue a casa… mi mujer me va a echar los perros porque desde que salí en Nochebuena…
El remate funciona porque toca algo real: esa sensación de que las noches de Navidad se estiran hasta donde no deberían. La imagen del hombre que no sabe que han pasado cinco meses dice mucho, en broma, sobre la intensidad de las fiestas navideñas.
Más chistes de alcohol para las cenas navideñas
Si el de arriba ya forma parte de tu colección, aquí van algunos más que funcionan igual de bien en la sobremesa del 25 o en la espera de las campanadas.
El test del ángel y el borracho
Un hombre llega a casa en Nochebuena completamente borracho. Su mujer lo espera en la puerta con los brazos cruzados.
— ¡Mírate! Hecho una pena. ¿Sabes lo que eres? ¡Un cerdo!
Y él, muy serio, le responde:
— Cariño, los Reyes Magos han pasado, los ángeles no existen… ¿y ahora me dices que los cerdos hablan?
La confesión de Nochevieja
Dos amigos salen juntos en Nochevieja. Al terminar la noche, uno le pregunta al otro cómo llega a casa sin que le regañe su mujer.
— Fácil. Entro muy despacio, me desnudo en el recibidor, me meto en la cama con cuidado y le susurro al oído: Tengo hambre. Ella me dice que hay lentejas en la nevera, las caliento, me las como y me duermo tranquilo. Piensa que he llegado sobrio.
Al día siguiente el amigo vuelve a verle.
— ¿Funcionó?
— No exactamente. Entré, me desnudé en el recibidor… y resulta que estaba en casa de mis suegros.
El propósito de Año Nuevo
Un hombre lleva años prometiendo que en el Año Nuevo dejará de beber. El 1 de enero, su mujer le pregunta:
— ¿Este año de verdad lo dejas?
— Sí, lo juro.
— ¿Y la copa que tienes en la mano?
— Esta no cuenta, es del año pasado.
Si te han hecho gracia y quieres más para preparar la noche, en el artículo sobre el chiste navideño clásico del mejor regalo para una madre encontrarás otro remate que nunca falla en la sobremesa familiar.
Por qué el alcohol y los chistes siempre van juntos en Navidad
Hay algo en la combinación de reunión familiar, cena larga y copas repetidas que genera, casi sin querer, situaciones que son un chiste en sí mismas. Los psicólogos lo llaman desinhibición social, pero cualquiera que haya pasado una Nochebuena en familia lo describe de otra manera: en Navidad la gente se relaja, y con eso viene el caos cómico de toda la vida.
El humor navideño ligado al alcohol tiene esa particularidad de que se ríe con, no de. El borracho del chiste no es la víctima, sino el que tiene la salida más lista. Es el que mejor refleja esa energía caótica y cálida de las fiestas, donde el tiempo se pierde y nadie mira el reloj demasiado a menudo.
En España, los chistes de borrachos navideños llevan décadas formando parte del repertorio de cenas y celebraciones. No son exclusivos de estas fechas, claro, pero algo en el ambiente los hace más graciosos. Quizás porque todos hemos conocido a alguien que se ha excedido un poco en Nochebuena. Quizás porque en Navidad uno se permite reírse de cosas que el resto del año pasan de largo.
Cómo no ser el protagonista involuntario del chiste
Dicho lo cual, una cosa es reír con los chistes y otra muy distinta protagonizarlos de verdad. Las cenas de Navidad son largas y el ambiente invita a repetir copa, pero hay algunas cosas sencillas que marcan la diferencia entre acabar bien y acabar siendo el tema de conversación durante meses.
- Alterna agua entre copa y copa. No es un sacrificio, es sentido común.
- Come antes de beber. El marisco y el jamón son buenos aliados, pero el estómago vacío no.
- El cava engaña: las burbujas hacen que el alcohol llegue antes al torrente sanguíneo de lo que parece.
- Si notas que te estás pasando, el café tampoco te va a salvar. Solo el tiempo y el agua funcionan.
Y si aun así al día siguiente la cosa no está bien, en el artículo sobre remedios para la resaca después de las cenas de Navidad tienes opciones probadas para recuperarte sin sufrir más de lo necesario.
Cuándo contar los chistes de borrachos navideños
El momento importa tanto como el chiste. Uno bueno en el momento equivocado cae plano, y uno mediocre contado bien puede hacer reír a toda la mesa.
La sobremesa de Nochebuena, ese espacio de una hora larga entre el postre y el turrón, es el momento perfecto. La gente está relajada, las defensas bajas y hay suficiente energía para reír sin necesitar demasiado esfuerzo. También funciona en la espera de las campanadas, cuando el ritmo de la noche baja un poco y alguien necesita animar el ambiente.
Lo que no funciona es el chiste de alcohol en una reunión donde alguien tiene un problema real con la bebida, o en un momento de tensión familiar. Los chistes navideños son para sumar calor a la noche, no para incomodar a nadie.
Preguntas frecuentes sobre chistes de borrachos navideños
¿Cuál es el chiste de borracho más clásico de Navidad?
El del hombre que entra cantando villancicos en mayo porque no ha llegado a casa desde Nochebuena. Es el que más circula en España y el que mejor ha aguantado el paso del tiempo sin perder la gracia.
¿Son adecuados los chistes de alcohol para contarlos en familia?
La mayoría son ligeros y no ofenden a nadie, pero siempre conviene leer el ambiente. Si hay menores muy pequeños o alguien en la mesa con una relación complicada con el alcohol, quizás no sea el mejor repertorio para ese momento.
¿Por qué hay tantos chistes navideños sobre borrachos?
Porque las fiestas navideñas combinan reuniones largas, mucho brindis y la presión social de que la noche es especial. El alcohol aparece de forma natural en las celebraciones y con él, inevitablemente, las situaciones cómicas. El humor es la forma de procesar y celebrar ese caos a la vez.
¿Dónde puedo encontrar más chistes de Navidad?
En navidad.es tienes una sección entera de chistes navideños con opciones para todos los gustos: cortos, de familia, de Papá Noel, de Reyes Magos y mucho más. Perfectos para preparar el repertorio antes de la cena.









