El olor a pino rellena el salón, las cajas de bolas andan por el suelo y alguien ya ha tropezado con el cable de las luces. Poner el árbol de Navidad es una de las tradiciones más queridas de estas fiestas, pero también una de las que más anécdotas graciosas genera. Porque hay cosas que solo pasan en Navidad, y la lucha con los adornos es una de ellas.
Esto son dos amigos que deciden poner el árbol juntos. Cuando terminan de colocar las luces, uno le dice al otro:
— Oye, avísame si se encienden las luces, que voy a ver si funcionan desde fuera.
Y el otro, convencido, le responde desde dentro:
— Ahora sí… ahora no… ahora sí… ahora no…
El clásico. Uno esperando en la calle con cara de «¿se verán desde aquí?» y el otro dentro dando al interruptor sin darse cuenta de que él mismo podía mirar. Una situación que, si eres sincero, te resultará familiar de alguna manera.
La lucha con las luces del árbol
Las luces del árbol de Navidad son el ejemplo perfecto de cómo algo tan sencillo se convierte en una aventura. Las guardas ordenadas el año pasado aparecen en un nudo imposible. Le das al enchufe y la mitad no se enciende. Cambias una bombilla y todavía funcionan peor. Y cuando por fin lo tienes todo listo, alguien tropieza con el cable y hay que empezar de cero.
Otro chiste que refleja bien este momento:
— Papá, ¿por qué las luces del árbol parpadean?
— Porque les da la gana, hijo. Igual que a mí cuando me pides que los ayude a poner el árbol.
Y otro que lleva circulando por los grupos familiares de WhatsApp desde hace años:
— ¿Sabéis cuál es el colmo de un electricista en Navidad?
— Que le fallen las luces del árbol y no sepa por qué.
Más chistes del árbol de Navidad
El árbol es protagonista de muchos de los mejores chistes navideños. Hay algo en su montaje anual, en esa operación familiar llena de debates sobre dónde va cada bola y quién pone la estrella, que da mucho juego. Aquí van algunos más:
— Mamá, el árbol de Navidad está torcido.
— Ya lo sé, cariño. Es que salió a su padre.
— ¿Cuál es el colmo de un árbol de Navidad?
— Tener raíces pero no saber de dónde viene.
— Hemos tardado tres horas en poner el árbol.
— Vaya, ¿es muy grande?
— No, es que mi mujer quería las bolas a la izquierda y yo a la derecha.
Estos chistes funcionan tan bien porque todo el mundo ha vivido algo parecido. La discusión sobre dónde va cada adorno, quién sube a la escalera a poner la estrella o cómo meter el árbol por la puerta sin tirar el ficus del recibidor. La Navidad es universal, y el árbol es su mejor excusa para reír.
Los típicos errores al montar el árbol
Más allá de los chistes, hay situaciones que se repiten en todas las casas con una puntualidad asombrosa. La primera es descubrir que las bolas del año pasado se han roto la mitad, así que hay que ir a comprar más con urgencia en diciembre, que es exactamente cuando están más caras.
La segunda es encontrar las luces enredadas. No importa cuánto cuidado hayas tenido al guardarlas, el siguiente año aparecerán en un nudo digno de estudio. Los más organizados dicen que la solución es envolver cada tira en papel de periódico o en una caja separada. Los demás seguimos metiendo todo en la bolsa y esperando el milagro.
La tercera es el debate anual sobre el pino real frente al artificial. El que tiene pino de verdad presume del olor y las agujas en la alfombra. El del artificial presume de que no hay agujas y lo tiene listo en veinte minutos. Ninguno convence al otro, y la discusión se repite cada diciembre desde hace lustros.
Chistes navideños para la sobremesa
Si los chistes del árbol te han gustado, en Navidad hay humor para rato. El chiste del lechón es otro de esos que funcionan con cualquier público y que nadie espera cuando lo cuentas en la cena. Y si quieres algo más visual, el juego de piedra, papel o tijera tiene su propio chiste navideño que hace furor en internet cada año.
Lo bueno de los chistes de Navidad es que son de los pocos que se cuentan en familia sin que nadie se moleste. No hay época más propicia para el humor sencillo, el que funciona para todas las edades y no requiere explicación. Un chiste del árbol torcido o de las luces que no funcionan llega a los niños, a los mayores y a quien acaba de llegar a la mesa sin enterarse de nada.
Preguntas frecuentes sobre chistes navideños del árbol
¿Cuándo se suele poner el árbol de Navidad en España?
La tradición más común es poner el árbol el día de la Inmaculada, el 8 de diciembre, aunque muchas familias lo adelantan a los primeros días de diciembre o incluso a finales de noviembre. Se recoge el 6 de enero, después de Reyes.
¿Pino natural o artificial para Navidad?
El pino natural da un olor inconfundible y un aspecto más auténtico, pero suelta agujas y requiere riego. El artificial no mancha, dura años y se monta más rápido. La elección depende de cada familia, aunque el artificial es cada vez más frecuente en los hogares españoles.
¿Cuál es el chiste del árbol de Navidad más conocido?
El más repetido es el de las luces que parpadean o no funcionan, en sus distintas versiones. También es muy popular el de dos amigos donde uno va a mirar si las luces se ven desde fuera y el otro las apaga y enciende desde dentro sin darse cuenta de que podía mirarlas él mismo.
¿Por qué las luces del árbol siempre se enredan?
Hay una explicación física real: las guirnaldas son cables flexibles que, al guardarse de forma desordenada, forman nudos casi solos por el movimiento de la caja. La solución práctica es enrollarlas en torno a un carrete, una botella o un cartón antes de guardarlas.
¿Qué hace especial la Navidad para el humor?
La Navidad reúne a familias enteras con distintas edades, gustos y caracteres. Esa mezcla crea situaciones inevitablemente cómicas: el tío que no sabe dónde va el angel, la abuela que guarda las bolas de hace cuarenta años o el niño que quiere poner todos los adornos en la misma rama. El humor navideño es el que reconoces porque te ha pasado a ti.









