El 6 de enero, una vez que los niños han abierto el último regalo y la casa huele a cartón y a baterías AA, llega ese momento de reflexión. Síntate. Respira. Y pienasa en todo lo que le dirías a Santa Claus ahora que ya no necesitas pedirle nada.
Porque la carta de antes de Navidad es la versión oficial. La ilusionada. La que va envuelta en promesas de portarse bien y de comer la verdura. La carta de después de Navidad sería otra cosa. Sería la verdad.
Querido Santa Claus (versión adulto, enero)
Estimado Santa. Espero que hayas llegado a casa bien y que los renos estén descansando. Yo también necesito descansar. Han sido unas Navidades intensas.
Quiero empezar agradeciéndote los regalos, aunque tengo algunos comentarios de mejora para el año que viene. Las zapatillas de estar por casa que me trajiste este año son prácticamente iguales a las del año pasado. Y las del año anterior. Entiendo que estés ocupado, pero quizás podrías mirar la lista con un poco más de detalle.
También me gustaría hacer una observación sobre los juguetes de los niños. Entiendo que el dron que pidieron había que montarlo. Pero dieciséis pasos ilustrados en un papel del tamaño de un sello y sin instrucciones en español son un reto que nadie merece a las diez de la mañana del día de Reyes. Para el próximo año, te agradecería que todo viniera ya montado. O con un mecánico incluido.
Por lo demás, perfecto.
Querido Santa Claus (versión niño de 7 años, real)
Hola Santa. Tengo una queja. Te pedí el mando de PlayStation y me trajiste el mando sin el PlayStation. Mi madre dice que eso fue porque me porté mal en noviembre, pero yo solo me porté mal dos veces, no veintiséis.
También quiero saber por qué le trajiste más regalos a mi hermana. Ella se portó peor que yo, te lo juro. Le pregunté y me dijo que había enviado la carta antes. Para el año que viene voy a enviar la carta en julio.
Ah, y el jersey que me trajiste tiene reindeer dibujados y aún me lo hacen poner en el colegio. Eso no está bien.
Las cosas que nunca salen exactamente como se pedían
Hay una verdad universal sobre los regalos de Navidad: casi nunca son exactamente lo que uno imaginaba. No porque Sean malos, sino porque la imaginación que construimos alrededor de un regalo antes de abrirlo es casi siempre mejor que el objeto físico. Es la paradoja de la Navidad.
Los niños lo aprenden rápido: el juguete más deseado del catálogo queda olvidado en el rincón a las tres horas. La caja vacía donde venía se convierte en una nave espacial y dura semanas. Los regalos no esperados, el libro que a priori no entusiasmaba, el juego de mesa que parecía aburrido, acaban siendo los que más se usan.
Eso también es un regalo, aunque en enero cuesta un poco verlo.
Lo que sí funciona siempre
Entre tanto humor y reflexión postnavideña, hay algunas cosas que siempre salen bien. Los regalos hechos a mano o con intención. Las llamadas del 25 que duran más de lo previsto. La sobremesa del 26 cuando ya no hay que hacer nada y el tiempo se estira solo. El roscón del 6 de enero partido en la cocina antes de que llegue nadie.
Esas cosas no vienen en ningún catálogo y nadie las pide en ninguna carta. Y son, casi siempre, lo que más se recuerda cuando el año que viene vuelve a llegar la Navidad.
La carta de agradecimiento que sí merece la pena escribir
Hay una práctica preciosa que algunas familias hacen en enero: la carta de agradecimiento. No a Santa, sino entre ellos. Los niños escriben una línea sobre lo mejor de las Navidades. Los adultos también. Se leen en voz alta antes de guardar el árbol.
Lo que sale suele sorprender. Rara vez aparece un regalo específico. Aparecen momentos: «cuando vino el abuelo y jugamos a las cartas», «esa noche que nos quedamos viendo películas hasta las dos», «cuando hicimos galletas y salió mal la mezcla y nos reímos un montón». Eso es lo que los niños guardan. Y también los adultos, aunque a veces lo olvidemos.
Si quieres entender mejor por qué la ilusión navideña funciona como funciona, cuando los niños descubren la gran mentira de la Navidad es una lectura que te va a tocar de cerca. Y si quieres preparar algo especial para cerrar la temporada, la historia del roscón de Reyes tiene algo de magia que todavía no sabe todo el mundo.
Lo que de verdad le pediríamos a Santa para el año que viene
Ahora que ya no hay prisión, que los regalos están abiertos y las baterías compradas, es buen momento para pensar en la próxima lista. No la lista de juguetes y gadgets. La otra.
Más tardes sin pantallas. Que los abuelos lleguen bien al año que viene. Un diciembre con menos prisa y más conversación. Que los niños recuerden estas Navidades con cariño dentro de veinte años. Que la noche del 5 de enero vuelva a oler a chocolates y a expectativa.
Esa carta, si se pudiera enviar, merece más espacio que cualquier lista de catálogo.
Preguntas frecuentes sobre las cartas a Santa Claus
¿Cuándo es el mejor momento para escribir la carta a Santa Claus?
Idealmente entre el 1 y el 15 de diciembre, para que llegue a tiempo antes del 25. Aunque si eres de los que envían la carta el 23 de diciembre, no desesperes: Santa tiene un equipo logístico bastante eficiente para esas situaciones.
¿Y la carta a los Reyes Magos, cuándo hay que enviarla?
En España la tradición más extendida es la carta a los Reyes Magos, que debe llegar antes del 5 de enero. Muchos niños la entregan en mano durante la cabalgata o en los puntos habilitados por los ayuntamientos. La antelación recomendada es de al menos una semana para los que envían por correo.
¿Los niños deben escribir la carta a mano o puede ser en papel impreso?
A mano, sin duda. No solo porque es más bonito para guardarlo de recuerdo, sino porque el proceso de escribirla, decorarla y doblarla es parte de la experiencia. Un niño que pasa veinte minutos dibujando estrellas alrededor de su lista ya ha vivido algo que vale más que cualquier regalo.
¿Hay alguna tradición de carta de agradecimiento a Papá Noel después de Navidad?
No es una tradición generalizada, pero algunas familias la practican. La idea es que los niños escriban un agradecimiento después del 25 o del 6 de enero. Es una forma estupenda de trabajar la gratitud y de hacer que los niños reflexionen sobre lo que recibieron, no solo sobre lo que querían.









