Historia del villancico: cinco siglos de tradición española

A warm candlelit Spanish church choir loft at Christmas, antique sheet music of villancicos on a wooden stand, a few histo...

Hay una escena que se repite cada diciembre en cualquier casa española: alguien pone la radio o el móvil, suena el primer acorde de un villancico de toda la vida y, sin darte cuenta, ya estás tarareando la letra que aprendiste de memoria hace treinta años sin haberla estudiado nunca. Ese villancico que cantas en la sobremesa de Nochebuena tiene detrás casi cinco siglos de historia, y viene de mucho más lejos de lo que parece.

De dónde viene la palabra villancico

El nombre no tiene nada que ver, en origen, con la Navidad. Villancico viene de «villano», el habitante del campo, y designaba simplemente una canción popular cantada por gente del pueblo, sin formación musical culta detrás. Con el tiempo la Iglesia española vio en esas melodías sencillas una forma estupenda de acercar los textos religiosos a los fieles que no entendían latín, y empezó a encargar villancicos para cantarlos en los maitines de Navidad. De ahí que hoy asociemos la palabra solo con diciembre, aunque durante siglos se escribieron villancicos para cualquier fiesta del calendario litúrgico.

El villancico entra en la catedral

El salto del villancico de la plaza del pueblo al coro de la catedral se produjo poco a poco, entre los siglos XV y XVI, cuando maestros de capilla empezaron a componer piezas con esa raíz popular pero pensadas para voces entrenadas y acompañamiento instrumental. El género se volvió tan flexible que cabían en él desde textos devotos hasta escenas casi teatrales, con personajes populares metidos en la historia sagrada: pastores, gitanos, negros, cada uno con su forma de hablar y de cantar reflejada en la música.

Juan Bautista Comes y la escuela valenciana del siglo XVII

El siglo XVII trajo al compositor que marcaría el molde del villancico español durante décadas, Juan Bautista Comes, maestro de capilla en Valencia entre 1582 y 1643. Comes le dio al villancico una estructura en dos partes, introducción o tonada, normalmente a solo, y responsión o estribillo, donde entraban todas las voces del coro a la vez formando varios grupos que se respondían entre sí. Esa fórmula, aunque a veces sonara casi en tres partes, se convirtió en el esqueleto casi obligatorio de la escuela valenciana durante todo el siglo.

Otros compositores siguieron ese camino con resultados desiguales. Urbán de Vargas dejó veinte villancicos escritos en Valencia, y Antonio Teodoro Ortells llegó a componer 192 para la capilla de la catedral de la ciudad, una cifra enorme para un solo autor, aunque ni él ni Vargas alcanzaran nunca la calidad contrapuntística de las piezas de Comes.

El villancico se convierte en cantata barroca

Un siglo más tarde el villancico volvió a cambiar de piel. Compositores como Pradas empezaron a escribir piezas cercanas a la cantata barroca, con influencia clara de la música sagrada napolitana que entraba en España a través de las cortes y las capillas reales. Pradas siguió llamando «villancicos en español» a sus más de trescientas composiciones, aunque musicalmente ya poco tuvieran que ver con la cancioncilla popular de la que había partido el género dos siglos antes. Esa capacidad de reinventarse sin perder el nombre es, en el fondo, la que ha mantenido vivo al villancico hasta hoy.

De la catedral a la mesa de Nochebuena

Con la llegada del siglo XIX el villancico culto perdió terreno y ganó espacio la versión que todos reconocemos, la canción sencilla, con estribillo pegadizo, pensada para cantarse en familia acompañada de pandereta y zambomba más que de coro y orquesta. Muchas de esas melodías populares que hoy suenan en cualquier casa, en el colegio o en el mercado navideño tienen debajo esa historia larga de villancico religioso convertido en canción de calle. Puedes leer, por ejemplo, cómo El Tamborilero se ha convertido en una de las piezas más cantadas de la Navidad española, con una historia de traducción y adaptación tan curiosa como la de los villancicos barrocos.

Ese fondo sonoro que acompaña las cenas de diciembre no es casualidad. En nuestra guía completa de tradiciones navideñas contamos cómo el villancico se ha ido colando en cada rincón de la fiesta, del supermercado al salón de casa, hasta convertirse en una de las señas de identidad más reconocibles de la Navidad en España.

Villancicos que han sobrevivido a los siglos

Lo curioso del villancico español es que ha convivido siempre en dos velocidades. Por un lado, la tradición culta que investigan musicólogos e historiadores, con archivos catedralicios llenos de partituras firmadas por Comes, Ortells o Pradas. Por otro, la tradición oral que ha ido pasando de generación en generación sin necesidad de partitura, solo de memoria y de repetición en Nochebuena. Las dos tradiciones beben de la misma fuente y, aunque hoy suenen muy distintas, comparten ese impulso original, convertir una fiesta religiosa en algo que se pueda cantar entre todos, con la voz que cada uno tenga.

Si te interesa la parte más histórica del género, merece la pena buscar grabaciones de villancicos barrocos españoles interpretados por grupos especializados en música antigua. La diferencia con la versión que cantamos en familia es enorme, y descubrir esa raíz culta cambia la forma de escuchar hasta el villancico más sencillo.

Preguntas frecuentes sobre la historia del villancico

¿De dónde viene la palabra villancico?

Viene de «villano», habitante del campo, y designaba en origen una canción popular sin relación directa con la Navidad. La Iglesia española adoptó ese formato sencillo para acercar los textos religiosos a los fieles.

¿Quién fue Juan Bautista Comes?

Un maestro de capilla valenciano que vivió entre 1582 y 1643. Fijó la estructura clásica del villancico español en dos partes, tonada y estribillo, y marcó el estilo de toda la escuela valenciana del siglo XVII.

¿Por qué el villancico solo se asocia a la Navidad hoy en día?

Aunque en origen se escribían villancicos para varias fiestas del calendario litúrgico, con el paso de los siglos el uso navideño se impuso sobre los demás, y el nombre quedó ligado casi en exclusiva a diciembre.

¿Qué diferencia hay entre un villancico barroco y uno popular actual?

El villancico barroco, como el de Pradas, se acerca a la cantata, con varias voces, instrumentos y una escritura compleja. El villancico popular que cantamos hoy es una canción sencilla, con estribillo fácil de recordar y pensada para cantarse en familia.

¿Cuántos villancicos llegó a componer Antonio Teodoro Ortells?

Se le atribuyen 192 villancicos escritos para la capilla de la catedral de Valencia, una cifra muy alta para un solo compositor de la época.

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