Las peores canciones de Navidad: villancicos y versiones que no soportamos

A person with hands over their ears grimacing at a Christmas speaker playing loud music, surrounded by festive decorations...

Estás en el supermercado a mediados de noviembre y de repente, desde los altavoces, llega ese ruido familiar. Jingle bells, jingle bells, jingle all the way… Llevas tres semanas escuchándola cada vez que sales a comprar. No puedes huir. Y lo peor es que ahora la vas a tener metida en la cabeza hasta Año Nuevo. Así empieza la banda sonora más temida de las fiestas.

Las canciones navideñas tienen algo especial: o las adoras o las odias con todo tu ser. Y hay un puñado de ellas que, año tras año, coleccionan detractores de todo el mundo. Algunas son malas de por sí. Otras eran decentes hasta que alguien las versionó sin piedad. Y unas pocas se escuchan tanto que llegan a resultar insoportables aunque en su día no les ponías pegas.

Aquí tienes el ranking de las canciones y versiones navideñas que más odios han generado, con datos de encuestas reales y algunas reflexiones sobre por qué la música de Navidad puede convertirse en la peor banda sonora del año.

Por qué hay canciones navideñas que no soportamos

Antes de entrar en el ranking, conviene entender por qué la música navideña genera tanto rechazo. No es solo cuestión de gusto personal. Hay tres motivos que explican por qué ciertas canciones nos irritan cada diciembre.

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El primero es la repetición brutal. Las playlists navideñas son finitas, el período festivo dura semanas y los comercios no tienen ningún reparo en poner los mismos veinte temas en bucle ocho horas al día. Cuando una canción se escucha veinte o treinta veces en poco tiempo, el cerebro empieza a procesarla como ruido, no como música.

El segundo es la versión horrorosa. Hay clásicos navideños perfectamente aceptables que han sido destrozados por artistas que querían modernizarlos o añadir su sello personal. El resultado suele ser peor que el original, y encima se difunde masivamente porque lleva el nombre del intérprete famoso.

El tercero, y el más interesante, es la asociación involuntaria. Ciertas canciones se vinculan a recuerdos concretos, y si esos recuerdos no son buenos, la canción te arrastra con ellos. Eso explica por qué una misma canción es entrañable para unos e insoportable para otros.

El ranking de las peores canciones de Navidad de todos los tiempos

Dos encuestas de Edison Media Research y Pinnacle Media Worldwide coincidieron en situar a Grandma Got Run Over by a Reindeer, de Elmo & Patsy, como la canción navideña más odiada. La MTV la difundió durante más de dieciocho años y eso dejó huella. La historia de la abuela atropellada por el trineo de Papá Noel es tan absurda que resulta difícil de clasificar: ni es tierna ni es graciosa, y el estribillo se te clava en el cerebro durante días sin que puedas hacer nada por evitarlo.

La segunda en el podio de lo peor es la versión de Jingle Bells que grabó Barbra Streisand. El original es uno de esos temas que, con moderación, aguanta bien. La versión de Streisand, con sus florituras y un arreglo que suena a híbrido entre Las Vegas y un centro comercial de los años ochenta, es otra cosa. Para muchos, es la prueba definitiva de que no todos los artistas deberían acercarse a los clásicos navideños.

En la misma categoría de «versión que no debía existir» entra el Santa Claus is Coming to Town de los Jackson Five, cuando Michael y sus hermanos eran todavía unos críos. La intención era buena y el talento de la familia es indiscutible, pero la mezcla de soul infantil con un villancico resulta extraña. El problema no es tanto la versión en sí como que aparece en todas las playlists automáticas sin que nadie la haya pedido.

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Otro nombre que aparece en casi todas las listas es Christmas Conga, de Cyndi Lauper. Las encuestas en internet la han señalado como la peor canción navideña de todos los tiempos en varias ocasiones. La fórmula intenta mezclar el ritmo latino de la conga con el espíritu festivo de la Navidad, y el resultado satisface a muy poca gente. Es de esas canciones que suena bien durante los primeros quince segundos y luego no sabes muy bien qué está pasando.

Have a Funky, Funky Christmas, de New Kids on the Block, es otro clásico del despropósito navideño. El título promete algo con ritmo y el grupo tenía tirón en su época, pero la canción no tiene ni la energía funk que anuncia ni el espíritu navideño que se supone que debe transmitir. Es de esas piezas que existen porque el sello discográfico necesitaba un single de temporada, no porque hubiera una idea artística detrás.

Y luego está el remix navideño de La Macarena, de Los del Río. Si el original ya dividió a la gente entre los que la bailaban en todas las bodas y los que huían en cuanto empezaban las primeras notas, la versión navideña multiplicó el rechazo. Coger un tema de verano, añadirle referencias a los Reyes Magos y el Belén, y distribuirlo en plenas fiestas fue una decisión que no envejeció bien.

El efecto de escuchar lo mismo cien veces

Hay un fenómeno que los psicólogos llaman «mera exposición» que normalmente hace que cuanto más escuchas algo, más te gusta. Con los villancicos ocurre lo contrario: hay un límite claro a partir del cual el cerebro satura y la canción pasa de neutra a irritante.

El problema es que las playlists navideñas en tiendas, centros comerciales y emisoras de radio son muy cortas. El mismo estudio de Edison Media Research concluyó que los oyentes en contextos comerciales escuchan los mismos temas entre quince y veinte veces por semana durante el período navideño. Con esa frecuencia, hasta Silent Night puede volverse un suplicio.

Esto explica también por qué canciones que en casa no te molestan nada se convierten en una tortura cuando las escuchas en el trabajo o haciendo cola en el supermercado. El contexto importa tanto como la propia canción.

Versiones que arruinaron clásicos navideños

Hay un patrón recurrente en las peores canciones de Navidad: muchas no son malas composiciones originales, sino versiones que cogieron un tema conocido y le cambiaron algo que no debían tocar. El arreglo, el tempo, el tono del intérprete o el género musical.

Los clásicos navideños sobreviven porque tienen una estructura melódica sencilla y evocadora. Cuando alguien llega y decide modernizarlos con sintetizadores, o convertirlos en balada pop, o meterles un solo de guitarra eléctrica, lo que hace es romper precisamente lo que hacía funcionar al original. El resultado suena forzado, y la asociación con el tema conocido lo hace más difícil de ignorar que si fuera una canción nueva y desconocida.

La buena noticia es que hay versiones que sí funcionan. Artistas que han entendido qué hace especial a un clásico y han añadido algo sin romperlo. Si quieres explorar la música navideña más allá de los grandes éxitos comerciales, te puede interesar leer sobre la tradición de cerrar la Navidad en Madrid con música de los Beatles, que es un ejemplo de cómo la buena música y las fiestas pueden combinarse con mucha más gracia.

El gusto personal y la nostalgia

Hay un matiz que estas encuestas no recogen del todo: la nostalgia puede salvar cualquier canción. Hay gente que considera un tesoro musical ese mismo Grandma Got Run Over by a Reindeer porque lo escuchaba de pequeño con su familia. Y hay quien adora la versión de Streisand porque le trae recuerdos concretos y buenos.

El ranking de lo peor es, en parte, un ranking de lo más escuchado sin querer. Si una canción llega a tanta gente por los canales comerciales, las posibilidades de que acabe en alguna lista de odios son proporcionales a su presencia en el ambiente. Las canciones que no suenan en tiendas no tienen esa oportunidad de molestar.

Lo que sí parece universal es que la Navidad merece, de vez en cuando, música que no hayas escuchado ya cuarenta veces. Si este año decides hacer tu propia playlist, ya sabes cuáles evitar. Y si quieres saber más sobre las tradiciones de estas fiestas, puedes empezar por cómo han cambiado las felicitaciones navideñas a lo largo del tiempo.

Preguntas frecuentes sobre las peores canciones de Navidad

¿Cuál es la canción navideña más odiada del mundo?

Según las encuestas de Edison Media Research y Pinnacle Media Worldwide, Grandma Got Run Over by a Reindeer, de Elmo & Patsy, es la canción navideña más odiada. La MTV la emitió durante más de dieciocho años, lo que contribuyó a que mucha gente la asocie con saturación sonora navideña.

¿Por qué nos molestan tanto las canciones de Navidad?

El motivo principal es la repetición. En tiendas y centros comerciales, las playlists navideñas son cortas y se reproducen en bucle durante semanas. El cerebro satura y convierte en irritante lo que de entrada no lo era. Influye también el contexto, la historia personal con cada canción y la calidad de la versión que estás escuchando.

¿Hay versiones navideñas peores que los originales?

Muchas. Las versiones que peor envejecen son las que cambian elementos centrales del original: tempo, tono o género musical. El Jingle Bells de Barbra Streisand o el remix navideño de La Macarena de Los del Río son ejemplos habituales en las listas de lo peor.

¿Cyndi Lauper tiene una canción navideña en las peores listas?

Sí. Christmas Conga aparece en muchas encuestas como una de las peores canciones navideñas de todos los tiempos. Intenta combinar el ritmo de la conga con el espíritu festivo de la Navidad, pero el resultado no convence a casi nadie que no sea fan incondicional de la artista.

¿Los gustos musicales navideños cambian con la edad?

Bastante. La nostalgia juega un papel muy importante: canciones que de adulto te parecen insoportables pueden ser perfectamente queridas por alguien que las asocia a recuerdos de infancia felices. El mismo tema puede ser un clásico entrañable para una persona y una tortura para otra, dependiendo de las Navidades que haya vivido con esa música de fondo.

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