Entradas Etiquetadas con ‘comida’

03
nov
2009

Receta Navideña: Endibias con palmito

Escrito por Nieves Carrero en Recetas Navideñas

Una ensalada muy divertida para sorprender a tus comensales estas Navidades, con un plato fresco e innovador.

Ingredientes:

  • 1 bote de palmitos
  • 1 naranja
  • 75 gramos de queso emmental
  • 4 rodajas de piña fresca ( o si lo prefieres en almíbar)
  • 2 endibias
  • 1 cogollo de lechuga
  • 3 cucharadas de nueves picadas
  • mayonesa

Preparación:

  1. Primero lavamos bien las endibias y el cogollo de lechuga, separando las hojas para que no quede ninguna impureza, bichito o tierra.
  2. Pelamos la naranja en rodajas pelada, y cortamos en dados el queso y la piña. También cortamos en tiras los troncos de palmito.
  3. Ahora empezamos con la presentación, disponemos en un plato las hojas de endibia en forma de abanico y por el lateral ponermos las rodajas de naranja. Encima de las endibias ponemos la piña, y el cogollo de lechuga cortado en una juliana muy finita, y también añadimos los daditos de queso.
  4. Añadimos por encima unas cucharadas de mayonesa y las nueces picadas por encima.

Esta ensalda hay que servirla muy fría, así que de la nevera a la mesa.

02
nov
2009

Solomillo con espuma de piñón

Escrito por Nieves Carrero en Recetas Navideñas

Ahora que ya estamos más cerca de la Navidad, os vamos a ir proponiendo recetas para solucionaros la cena o la comida de un día especial.

Y puesto que los piñones están de moda y en otra receta anterior explicábamos como se elabora hoy lo acompañamos  de solomillo de ternera.

Espero que os guste.

Ingredientes:
- 4 rodajas de solomillo de ternera
- Espuma de piñón
- Flor de sal
- Unas gotas de aceite de oliva

solomillo-de-ternera-con-espuma-de-pinon
Preparación:

Preparamos una espuma de piñón y reservamos 2 horas en la nevera. Hacemos los solomillos de ternera, a nuestro gusto, en una plancha con unas gotas de aceite de oliva. Emplatamos con un poco de flor de sal sobre la carne y echamos un poco de espuma de piñón en cada plato.

Vía: solorecetas

14
dic
2008

Cuento – El cocinero de Nochebuena

Escrito por Elena Maria Espadas en Cuentos navideños

Ésta es la historia de un cocinero que debía preparar una sabrosa cena de Nochebuena. Había trabajado tanto durante los meses precedentes que se vio abandonado por la inspiración, precisamente en la época más importante del año. Pasaba el día pensando e ideando menús navideños, sin que ninguno de ellos lograra satisfacerle. Así llegó la víspera de Navidad y él seguía huérfano de ideas.

Tan cansado estaba que le pudo el sueño y se quedó dormido sobre la mesa de la cocina, rodeado de libros y cuadernos de recetas. Se vio convertido en un orondo Papá Noel con su abultado saco al hombro, y viajando a bordo de un bello trineo que se deslizaba silencioso por la nieve al son de un dulce tintineo de campanillas. Desconocía el lugar al que se dirigía, pero intuía que el trineo conocía su destino. Porque debo decir que el vehículo que le transportaba no era tirado por ciervos ni por renos, sino que únicamente se desplazaba guiado por una fuerza invisible.

Una vez finalizado el viaje, el trineo se detuvo ante una rústica casita en el bosque, de cuya chimenea escapaba un inmaculado y cálido humo blanco. Llamó a la puerta y ésta se abrió al instante, sin que nadie apareciera tras ella. Entró en la casa y halló un bello salón decorado con toques navideños que provocó en él una profunda y hogareña sensación. Un pequeño abeto le hacía guiños junto a la chimenea encendida, cuyos troncos crepitaban e iluminaban la estancia con sus llamas, y de la que colgaban unos calcetines de bellos colores, esperando ser llenados de regalos. En el centro de la estancia, una acogedora mesa, bellamente dispuesta y con las velas encendidas, esperaba ser cubierta de manjares. No había nadie a su alrededor, y sin embargo se sentía acompañado por presencias invisibles que él percibía, aún sin verlas. Depositó el saco en el suelo y se dispuso a abrirlo. Desconocía lo que podía albergar y por un momento sintió que su corazón latía con más fuerza. Se sentó en una mullida butaca junto a la chimenea y con manos temblorosas empezó a extraer el contenido.

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